Bővebb ismertető
Quisiéramos dirigirnos al lector de este hermoso libro para esbozar unos cuantos pensamientos, pues, a pesar de nuestra convicción de que estos dos centenares y medio de fotografías a todo color son una muestra fidedigna del Budapest de hoy, cabe decir dos palabras sobre los estratos históricos que en ellas afloran ora tenue ora visiblemente y que determinan el actual carácter de esta ciudad de dos mil anos.El estrato más antiguo o, si se quiere, más profundo, es el de la época romana: entre el ano 13 y el ano 9 A. C. las tropas del emperador Augusto ocuparon los territorios situados al oeste y al sur del Danubio, creando la provincia de Panonia. En la orilla derecha e izquierda del río se configuró el "limes", línea que defendía el Imperio de los ataques de los bárbaros, siendo uno de los centros urbanos Aquincum, ciudad civil y militar. Los restos de esta doble ciudad, en auge en el siglo II, se pueden ver en la parte norte de Buda, en Óbuda (Buda Vieja), pero hoy el barrio ya no tiene tanta importancia como con los romanos o como más tarde, en la época del nacimiento del Estado húngaro.Hemos dado, pues, un paso adelante, llegando al primer estrato medieval de la ciudad: a finales del siglo IX los príncipes húngaros se asentaron en el anfiteatro de la ciudad militar romana, pues las altas murallas ofrecían protección. La ciudad de Pest, en la otra orilla, también germinó en el lugar en que se levantaban las murallas de Contra-Aquincum, que defendía el paso fluvial de Tabán. Acrecentó aún más la importancia de Óbuda el hecho de que entre los restos de edificios los comerciantes y artesanos creasen colonias, atrayendo la corte real, monasterios e iglesias. Lo mismo aconteció en Pest, reinando aún el silencio en la actual colina del castillo de Buda.La invasión, devastación y masacre llevadas a cabo por los tártaros (1241) pusieron fin al primer apogeo de Óbuda y de Pest. La reconstrucción marcaría el inicio de una nueva época: para asegurar la defensa, se pobló la colina del castillo de Buda, y al abrigo de las murallas del castillo se levantaron casas civiles, Iglesias y monasterios. Naturalmente también se reconstruyeron Óbuda y Pest: la triple ciudad renacida creó las condiciones para que unos cien anos más tarde la sede real se pudiese instalar en el extremo sur de la colina del Castillo. Durante doscientos anos se fueron construyendo palacios a cual más suntuosos, decorados con magníficas obras góticas y renacentistas.En el alba de la era moderna Buda y Pest cayeron en el poder de los turcos, quedando en sus manos desde 1541 hasta 1686, casi un siglo y medio. Supresencia dejó un doble "fruto": el magnífico palacio real, las casas civiles y monasterios fueron víctimas de un lento proceso de deterioración, las Iglesias cristianas fueron convertidas en aljamas y la silueta de la ciudad se enriqueció con esbeltos minaretes y banos con cúpula.Tras la victoria de las tropas cristianas aliadas, en la primera mitad del siglo XVIII, nacieron ciudades barrocas, cuyas huellas se observan fácilmente hasta hoy. Se levantaron casas civiles, palacios de familias nobles, edificios públicos, iglesias parroquiales y conventos, las plazas se adornaron con estatuas. La ciudad de Pest fue la que experimentó un mayor desarrollo, Buda pasó a ser una pequena ciudad silenciosa, y Óbuda se convirtió en una villa poblada por terratenientes.En la primera mitad del siglo XIX Pest dio un salto en su desarrollo: como consecuencia de una urbanización consciente nacieron edificios públicos, palacios, casas civiles e iglesias de estilo neoclásico. La ciudad sobrepasó con creces las murallas medievales y, gracias a la labor del "más grande de los húngaros", István Széchenyi, que promovió la construcción del Puente de las Cadenas, surgió el ansiado enlace entre las dos ciudades. A mediados de siglo Pest era indiscutiblemente el centro del país.En el último tercio del siglo pasado Budapest, nacido en 1872 mediante la unificación de las tres poblaciones, pasó a ser no sólo capital, sino, según las pautas de aquel entonces, una metrópoli. No sólo era centro administrativo de la Hungría de entonces, mucho mayor que la actual, sino centro industrial, comercial, centro de comunicaciones, foco intelectual, artístico, centro de la ensenanza y, no en último lugar, centro arquitectónico, como lo demuestran las rondas, avenidas, edificios públicos, iglesias, palacios de familias nobiliarias, casas de alquiler, bancos, escuelas, universidades, etc. Esta metrópoli de estilo ecléctico, y más tarde modernista, tuvo su época de esplendor hasta la I Guerra Mundial, haciendo sentir su efecto en toda la cuenca de los Cárpatos.Ya en esta época, y hoy aún más, se adivinan y se admiran los estratos históricos de la ciudad. El estilo dominante es el ecléctico, pero no sólo en el sentido arquitectónico de la palabra, sino porque los valores de la antigüedad, los medievales y modernos se sobreponen y coexisten: restos de la provincia de Panonia en un contorno moderno, casas barrocas con detalles medievales, Iglesias barrocas entre edificios eclécticos o modernistas, palacios neoclásicos a la sombra de modernos hoteles. De todo ello podrán disfrutar en las fotografías de este libro.