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JÓZSEF TÖRÖK
La iglesia católica
El húngaro antiguo prefería denominar la iglesia construida de piedra recurriendo al término egyház, inspirado en los modelos de la Iglesia espiritual de la comunidad viva de los cristianos. La palabra que deriva de ecclesia expresaba mejor las peculiaridades esenciales de esa comunidad que cualquier otro equivalente húngaro del templum latino aplicable para las construcciones destinadas al culto de cualquiera de las religiones.
Las ensenanzas de la iglesia
Los edificios de culto de la cristianidad asumieron unas funciones sustancialmente diferentes a las de los templos de las demás religiones; es más, se distinguieron decisiva y cualitativamente incluso de la Sacra Tienda judía y del Templo de Jerusalén. El mismo hecho de que en el momento de la muerte de Jesús "se oscureció el sol y la cortina del santuario se rasgó por medio" (Lucas 23, 45), comprendía connotaciones profundas para los apóstoles y para los demás discípulos. Sin embargo, a pesar de la diferencia, se ha de tener en consideración el contenido espiritual que recibieron como legado paterno los primeros cristianos provenientes de los judíos.
La Iglesia como Cuerpo de Cristo (corpus mysticum) y el edificio, el templo-iglesia que sirve para congregarse, cuentan con antecedentes en el Antiguo Testamento. El Nuevo Testamento no fue una simple separación del Antiguo Testamento, sino que nació de éste último. El Quahal del Antiguo Testamento es la preconfiguración y el arquetipo de la comunidad del pueblo de Dios; si se congregaba, lo hacía para escuchar el verbo de Dios, para dar una respuesta colectiva en las oraciones y para ofrecer un sacrificio que sellaba de nuevo la unidad de la alianza.
En la época de los patriarcas, los judíos contaban con lugares sagrados, como por ejemplo Betel o Sikhem. El monte Sinai, durante el éxodo fue santificado de una manera excepcional por la manifestación de Dios, sin embargo, a lo largo de su peregrinación en el desierto, el pueblo elegido sintió constantemente la necesidad de percibir la presencia de Dios. Por eso recibieron la tienda sacra, ese santuario portátil que servía para el encuentro del Senor con su pueblo medíante el culto practicado en él, así como para orientar la atención de los fieles al templo del fiituro. En la tienda sacra se quardaba el Arca de la Alianza cuyos querubines advertían la presencia palpable y al mismo tiempo latente de Dios. Una vez establecidas en la Tierra Prometida, o sea, en Canaán, las tribus pudieron poseer un santuario común, pimero en Gilgal, luego en Sikhem y posteriormente en Silo. Finalmente fue Salomón quien realizó el proyecto de David, construyendo el Templo de Jerusalén. En el centro de éste fiie colocada el Arca de la Alianza recuperada por el propio David, que preservaba la continuidad del culto de los ancestros. En el acto de dedicación, después de que los sacerdotes pasaron el Arca de la Alianza y las dos tablas de los Diez Mandamientos al Santo Santuario, "la nube llenó el templo, de forma que los sacerdotes no pudieron seguir oficiando
a causa de la nube, porque la gloria del Senor llenaba el templo" (Reyes I, 8, lo-i i). La exclamación de Salomón, quien concluyera la construcción del templo encerraba en sí sugestión y espanto: "?Cómo es posible que Dios habite en la tierra? Si no cabe en el cielo y en lo más alto del cielo, ! cuánto menos en este templo que he construido!" (ídem, 8,27) Había un solo templo para ofrecer diferentes sacrificios. No obstante ello, los fieles necesitaban de otro lugar también para poder escuchar y transmitir las ensenanzas reveladas, así como expresar su gratitud mediante el sacrificio de alabar y mediante la oración. Para todo esto servía la sinagoga cuyo culto se vinculaba estrechamente al culto del templo. El mismo Jesús frecuentaba la sinagoga. Baste citar el caso en que comenzara a leer en la sinagoga de Nazaret el Libro de Oseas; subió al Templo (ver Lucas 4, i4-27;7,14-50). El lugar de reunión de los cristianos se relacionaba también con la sinagoga.
En el centro del Nuevo Testamento figura la persona de Jesús quien era el Emanuel (palabra hebrea que quiere decir: Dios está con nosotros. "La iglesia ya no volverá a significar una obra humana puesto que el sagrado humanismo de Jesús significará la iglesia de Dios" (ver Juan 2, 19 y Carta a los Colosenses 2,9). La cortina del Templo se partió en el momento de la muerte de Jesús en la cruz por haber cumplido con su misión; los sacrificios de antano fueron sustituidos por el sacrificio único y eterno, por el de Cristo. Los cristianos en el bautismo se identificaron con Cristo, lo que permite afirmar que los fieles son los templos del Espíritu Santo. El apóstol San Pablo reconoció esa realidad, expresándola en palabras: "en los fieles que aman a Cristo habita Dios" (Carta a los Romanos 8,9-11; Corintios 1,3,16-17; 6,19-20; Corintios II, 6,16). Una consecuencia directa de ello es que la Iglesia erigida de piedras vivas constituye también la morada de Dios (Carta a los Efesios 2,19-22; Primera Carta de San Pedro 2, 5). Al mismo tiempo, la iglesia construida de piedras es el alter ego visible de la Iglesia espiritual invisible.
Los edificios de piedra que acogen a la comunidad de los fieles representan para los cristianos algo bien diferente que los templos paganos y el Templo de los judíos. La Domus Ecck' siae la podemos considerar más bien como sucesora de la sinagoga que la del Templo de Jerusalén, por cierto con notables cambios.
El pensamiento paleocristiano elaboraba las imágenes ancestrales de las Sagradas Escrituras y de la Iglesia, respectiva-