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LA CATEDRAL DE BARCELONAINTRODUCCIÓNLos siglos XII y XIII son en Cataluna época de guerras y conquistas. Se fundan entonces los tres importantes monasterios del Císter en Pöblet, Santes Creus y Vallboiia de las Monjas, en la Cataluna nueva. Se restauran las sedes recién recuperadas de Tarragona y Lérida, iniciándose las obras de las respectivas catedrales. Y se procede, en suma, a la repoblación sistemática de las diferentes comarcas de la zona.La actividad constructiva es casi febril en esas tierras que acaban de ser conquistadas. En ello intervienen fundamentalmente tres estamentos. Por una parte, los monasterios con sus propiedades, como antiguos senoríos feudales. Por otra, las catedrales, organizadas de un modo muy similar a los monasterios. Y, finalmente, el pueblo, concentrado en pequenas villas que van adquiriendo progresivamente importancia al amparo de las Cartas de Población y Privilegios de Franquicia que les conceden los reyes.Las construcciones de mayor interés se centran en esos momentos en torno a los monasterios y las catedrales, con el lógico paralelismo entre ellos derivado de las exigencias en ambos casos de la vida en comunidad.Pero al tiempo que discurren lentamente las obras monásticas y catedralicias las incipientes poblaciones recién establecidas levantan rápida, casi precipitadamente, sus primeras iglesias para subvenir a sus inmediatas necesidades de culto. Estos edificios no se di-ferencian esencialmente del resto de las construcciones ciudadanas, salvo en que el espacio interior no aparece comparti-mentado en habitaciones o pisos. Son, en general, amplios salones rectangulares, con muros de mampostería y cubiertas de madera a dos aguas sobre arcos apuntados de piedra.Con el paso del tiempo muchos de estos primitivos templos se han destruido, sustituidos por otros mayores y más ricos en diferentes épocas. Los que quedan ofrecen ese aspecto de arquitectura doméstica que tan claramente se relaciona con edificios secundarios del Císter, como los dormitorios de Pöblet y Santes Creus y otras dependencias claustrales.El establecimiento a mediados del siglo XIII de las Órdenes Mendicantes generaliza aún más en Cataluna este gusto por la funcionalidad construcdva, ajena a superfiuos alardes imaginativos. Y se olvida, por inasequible y poco apropiado para el nuevo sistema de vida, el gran templo de aspecto monásd-co.Se gesta así con estos precedentes lo que entendemos por templo gótico catalán, con unas características muy propias. Predominan las cabeceras poligonales con capillas alojadas entre los contrafuertes, y proliferan los edificios de nave única que hace innecesario el uso de los arbotantes, como elementos transmisores de los empujes de la nave central hacia los contrafuertes exteriores. Sólo en algunas construcciones