Bővebb ismertető
Ano tras ano crece el número de personas que visitan la capital de la República Popular Húngara: Budapest. Todos aquellos que se han deleitado con el panorama inolvidable que se abre, múltiple y variado desde todos los puntos de las colinas de Buda; que han paseado en barco por el Danubio que corta en dos la ciudad; que se han dado caminatas por el centro de la ciudad, por el Castillo de Buda o por el malecón del Danubio, afirman unánimamente: Budapest es una de las ciudades más hermosas del mundo. Su hermosura, su atractivo, emanan, al parecer, de más de una fuente. Las colinas de Buda, cubiertas de bosques, abrazan la ciudad en semicírculo protegiéndola; y junto a sus valles y montes, que descienden hasta el Danubio, se ofrecen con naturalidad al hombre para que construya: al alcance de la mano están las piedras, la madera y el agua vital del río. Naturalmente, los pueblos que a través de dos largos milenios han construido y aveces reconstruido en estos parajes no siempre se guiaron por el amor a la naturaleza al escoger este lugar para vivir; sin embargo, el hombre, al construir, consciente o inconscientemente se adaptó a las posibilidades del medio ambiente llenando el paisaje de vida al incorporar a él sus casas, sus torres, sus muros, sus puentes y caminos multiplicando con su trabajo las hermosuras naturales.
Desde tiempos remotos, esta zona ha sido cuna de distintas culturas humanas. Unas junto a otras, o superponiéndose, se han encontrado restos de distintas épocas: celta, romana, de la gran ola migratoria de los pueblos y luego del medioevo, del renacimiento, de la dominación turca, del barroco, del clasicismo, hasta llegar, naturalmente, a las creaciones de épocas modernas. Tal vez, tomando estos períodos artísticos por separado, Budapest no posea una colección tan vasta de alguno de ellos como otras muchas ciudades de Europa, pero realmente pocas capitales pueden lucir un conjunto total en tan armoniosa convivencia.
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