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1Le habían ordenado que se escondiera y que no abandonara su escondite. Eso fue también lo primero que se le ocurrió hacer a Ga-brielle Brooks cuando, llevada por el ruido, subió a cubierta y descubrió el motivo de tanto alboroto. Sin embargo, no fue el capitán quien le dio la orden. El hombre tenía una fe ciega en su habilidad para dejar atrás al barco que se acercaba a ellos. Incluso se rió a carcajadas y blandió el puno contra la bandera pirata que ondeaba en el mástil del barco que intentaba abordarlos y que en aquel momento podía divisarse a simple vista. Su entusiasmo (?o debería decir deleite?) había supuesto todo un alivio para Gabrielle. Hasta que el primero de a bordo la hizo a un lado y le ordenó que se escondiera.A diferencia del capitán, Avery Dobs no parecía esperar con ansia el inminente enfrentamiento. Con el rostro tan blanco como las velas adicionales que la tripulación izaba a toda prisa, no se anduvo con muchos miramientos cuando la empujó hacia las escaleras.Utilice uno de los barriles vacíos de comida que hay en la bodega. Hay muchos. Con un poco de suerte, los piratas abrirán un par de ellos y se olvidarán del resto al ver que están vacíos. Le diré a su doncella que se esconda también. !Váyase! Y, oiga lo que oiga, no salga de la bodega hasta que alguien cuya voz reconozca vaya a por usted.