Bővebb ismertető
Jamás tuvo nombre de pila.Desde que recordaba -y su memoria se limitaba a bosques, riscos, soledad y cabras montaraces- nadie le conoció más que por el apelativo de Cienfuegos, sin que nunca llegara a saber con certeza si tal denominación se debía al apellido de su madre, el color de su cabello o un simple sobrenombre de razón desconocida.Hablaba poco.Sus conversaciones más profundas no tenían nunca lugar a base de palabras, sino de sonoros, prolongados y cadenciosos silbidos, en un lenguaje propio y privativo de los pastores y campesinos de la isla, que se comunicaban de ese modo de montana a montana, en lo que constituía la forma de expresión más lógica y práctica en aquella agreste Naturaleza que la simple voz humana.En un amanecer fresco y tranquilo, cuando los sonidos, que las paredes de roca hacían rebotar de un lado a otro, parecían atravesar con tierna suavidad un aire húmedo y limpio, Cienfuegos se sentía capaz de mantener una charla perfectamente inteligible con el cojo Bonifacio, quien desde el fondo del valle solía ponerle al corriente de cuanto su primo Celso, el Monaguillo, le transmitía a su vez desde el villorrio.Fue así como tuvo noticias de que el viejo Amo aca-