Bővebb ismertető
—?Por qué estás tan sucio?
—No es que esté sucio —fue la desconcertante respuesta—. Es que soy negra.
—?Negra? —se asombró Cienfuegos incapaz de aceptar lo que acababa de oír—. ?Pretendes hacerme creer que eres una mujer y además negra?
—Exactamente.
El canario estudió con detenimiento el corto, áspero y ensortijado cabello; los enormes y oscuros ojos muy brillantes; los gruesos labios que servían de marco a unos enormes dientes de un blanco que casi hería a la vista; el delgado y musculoso cuerpo de imprecisas formas que se ocultaba apenas bajo una especie de descolorida camisa hecha jirones, y por último agitó la cabeza con evidente desconcierto:
—Jamás imaginé que existiera una mujer negra —senaló—. Me habían contado que en África existían negros, pero nadie mencionó nunca nada sobre negras.
—Tú debes ser bastante bruto —fue la sincera respuesta de la muchacha que había tomado asiento al borde del catre—. ?Cómo diablos suponías que podían existir negros sin negras que los trajeran al mundo? !Es lo lógico!
—No tan lógico —le hizo notar el gomero con naturalidad—. Yo siempre fui pastor, y entre mis cabras, que solían ser grises, blancas o pardas, nacía de vez en cuando una negra sin que nadie supiera la razón. Lo mismo ocurre con los conejos, los perros, las ovejas, e incluso las vacas. Hay muchos toros negros, pero muy pocas vacas negras. Supuse que en África ocurriría lo mismo.