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PRÓLOGO
Mi primera lectura de «E1 Quadern Gris», de Josep Pia, me causó una gran impresión. Allá en Madrid no fui yo el único a quien ese libro, rigurosamente excepcional, llamó la atención. Sin ir más lejos, Paulino Garagorri, un hombre de sensibilidad muy aguda, de juicio muy seguro y de calidad intelectual exigente, que llevaba la secretaria de la «Revista de Occidente», me sugirió la conveniencia de hacer para esa revista una antología de los textos del libro que él había leído con entusiasmo. Mis ahogos de trabajo me impidieron, entonces, tomar a mi cargo esa faena que requería una considerable atención. Pero, de todos modos, el eco de «E1 Quadern Gris» fue de onda muy amplia. Por eso, cuando mi amigo Josep Vergés me consultó sobre la conveniencia de dar de «E1 Quadern Gris» una versión castellana, le animé y hasta —insolente atrevimiento— me ofreci a traducirlo. O, mejor dicho, a ser su traductor asociado, pues pensaba ya que mi mujer —que se conoce la obra de Pia pagina por pagina y tiene, como yo, al escritor de Palafrugell en un altar donde la simpatía hace de incienso— me ayudaría en el trabajo.
Así fue, y su ayuda ha sido, en términos literales, fundamental. Gracias a ella he podido traerme conmigo este verano los 909 folios que ocupa la traducción minuciosamente literal del texto. Estos 909 folios han costado lo suyo, pues la dificultad de traducir a Pia es proporcionalmente inversa a la aparente facilidad de su escritura. Mi casa de Madrid tiene un pasillo muy largo, y durante cinco meses mi mujer y yo lo hemos recorrido no sé cuántas veces al dia —papeles en mano— para consultarnos dificultades de esas que los diccionarios anaden más que solucionan. Ella tecleaba en el salón, a un extremo.Yo papeleaba en mi despacho, al otro. Me llamaba o venía, y así Pia ha echado una mano a nuestro sedenta-