Bővebb ismertető
A mediados de agosto de 1995, la portada de un semanario francés llamó mi atención de inmediato. «Cruzadas, 900 anos» era el titular. En efecto, hacía novecientos anos que el papa Urbano II llamó a los cristianos hacia Jerusalén. Los franceses llevaron el peso de esta primera cruzada.
De pronto, el recuerdo de los textos de la infancia en la posguerra espanola vino hacia mí con fuerza; el recuerdo de aquellos héroes y de las estampas miniadas de los libros de la gesta cristiana: Godofredo de Bouillon, Pedro el Ermitano, Ricardo Corazón de León Sólo que ahora, casi cincuenta anos y nueve siglos después, tenía la visión de la otra parte, el poderoso Islam con sus héroes propio y el primero de todos aquel kurdo nacido en Irak, en el mismo pueblo de Sadam Hussein, y llamado Saladino.
La historia ejerce una atracción irresistible, sobre todo si conecta con la capacidad de sorpresa de la infancia, con la escuela, con el descubrimiento. Esos textos y esas imágenes vuelven hacia ti, tiran de ti, te reclaman de nuevo. Lo has olvidado todo o casi todo, pero has estado en el castillo de Godofredo de Bouillon en las Ardenas belgas y en el centro de Francia, en Clermont, donde todo empezó, has recorrido y conocido esas ciudades que jalonan el paso de la Primera Cruzada, una empresa tan descabellada que triunfó por eso, porque era una locura.
La portada del semanario francés invitaba a una inmersión en las cruzadas. Esta vez, lejos del maniqueísmo
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