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INTRODUCCION He aquí una nueva Antología de la Poesia espanola. Las antologías poéticas-escribe con su tino admirable de siempre el maestro Menéndez Pelayo-son casi tan antiguas como la misma poesia lírica escrita. Nada tan expuesto a perecer como estas composiciones fugaces si a tiempo no se las recoge y ata en vistoso ramillete. Cada época, cada país, cada escuela, ha formado estos libros de selección conforme al gusto reinante. Son los archivos Iiterarios por excelencia y el testimonio fehaciente de todas las transformaciones del arte. Nunca la obra aislada de un poéta, por grandé que él sea, nos puede dar la noción totál de la cultura estética de su siglo como nos la da un vasto Cancionero, donde hay lugar para lo raediano y aun para lo malo. Magnífica lección en muy pocas palabras. Pero las antologías y los cancioneros aún sirven para algo más: para que el lector, felizmente, lea pronto y juzgue rápido acerca de un movimiento, de una escuela, de un género poético; para que el lector, felizmente, recupere su perdida canción de sensibilidad poética alerta con la lectura de muy pocas páginas. Quizá lo más importante, en valor intrínseco y en consecuencia cultural, sea la misión que Menéndez Pelayo ha senalado a esős cancioneros y antologías; pero me atrevo a creer que yo acabo de apuntar su trascendencia esencial en una época de mutaciones, de subversiones poéticas como esta nuestra. Otro valor menos importante de estas compilaciones es aquel que las lustra-y las ilustra-en reláción con el tiempo en que se hicieron: muy importantes cuando los poetas no tenían facilidades para las ediciones particulares de sus obras, o eran estas tan cortas y costosas que se difuminaban rápidamente en el mercado literario mundial. No porque hoy cualquier poéta, poetastro o poetilla pueda darse el gustazo de lanzar fácilmente a ese mercado unos miles de ejemplares de sus engendros o partos poéticos, las compilaciones han perdido gran parte de su interés, según cree la crítica seria. Hasta el siglo xvii, las antologías serían como recuerdo minucioso, como una cuidadosa retención de los valores poéticos-sin discriminar su tanto-expuestos a la evaporación. Hoy son las antologías-deben ser-como cedazos muy oscuros por los que no pasen sino las poesías muy fluidas, sutiles e íntimas, las que no pueden -ni deben-dejar de correr con perennidad inagotable. Ayer eran los cancioneros y antologías una comprobación de existencia. Hoy hay que procurar que lo sean de permanencia. Por ello creo yo que el interés de las compilaciones poé-