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En cuanto vi el edificio, mientras el viento luchaba por hacerse con la posesión de mi capa y sombrero, me pregunté si no habría cometido una equivocación. El hecho de hallarme delante de la casa después de tantísimos anos, no había despertado los recuerdos que yo esperaba que hiciera aflorar. En efecto, mientras me encontraba bajo ía tormenta que iba arreciando y alzaba los ojos hacia aquella formidable mansión antigua, no vino a mí ni el más leve vislumbre de tiempos pasados.
Comenzaba a reconsiderar mis decisiones. Tal vez no debería haber vuelto. Era verdad que se trataba de la casa que me había visto nacer, y era también cierto que yo era una Pemberton, que mi padre había nacido aquí, y que también lo había hecho su padre; sin embargo, ?qué otro vínculo podría decirse que me unía a aquella mansión, cuando no recordaba los anos pasados en ella, ni siquiera a la gente que la había habitado?
La gente Continué de pie en medio del viento que todo lo azotaba, escuchando el sonido de las ruedas del carruaje mientras este desaparecía por el sendero. Con el rostro y las manos entumecidos, contemplé la vieja casa al tiempo que me preguntaba: ?qué puedo decir de las personas que residían aquí? ?Quiénes eran y por qué no conseguía recordarlas? Y, después de todos estos anos pasados, ?cómo iban a recibirme?