Bővebb ismertető
Ahora que he alcanzado la granada madurez de los veintisiete anos, evoco la fantástica aventura de mi juventud y casi liego a convencerme de que las cosas no ocurrieron como yo creí en un principio. Incluso a veces me despierto por las noches, y es que, en suenos, he oído una voz que me llamaba, y esa voz es la voz de mi infancia. Pero aquí estoy yo, solterona en esta parroquia o, por lo menos, quienes me conocen me tienen por tal aunque en mi fuero interno me considero una mujer casada incluso cuando me pregunto si sufrí alguna aberración mental. ?Era cierto, como pretendían ellos, que yo, que soy una muchacha romántica y un tanto irreflexiva, fui traicionada, como otras muchas antes que yo, y que, al no poder afrontar este hecho, me había fabricado una historia disparatada que sólo yo podía creerme?Y es que para mí es de trascendental importancia averiguar la verdad de lo ocurrido en la Noche de la Séptima Luna. Por ello he decidido exponer detalladamente los acontecimientos tal como los recuerdo, en la esperanza de que obrando así resplandezca la verdad.Schwester María, la más amable de las monjas, solía menear la cabeza negativamente cuando estábamos juntas: Helena, hija mía decía, debes andarte con mucho cuidado. No es bueno ser tan irreflexiva y apasionada.Schwester Gudrun, menos benévola, entornaba los ojos con una mirada expresiva. Un día llegarás demasiado lejos, Helena Trant, comentaba.A los catorce anos me mandaron al Damenstift a estudiar e instruirme y me pasé cuatro anos en aquel centro. Durante esta etapa efectué una sola visita a mi casa, en Inglaterra, con motivo de la muerte de mi madre. Mis dos tías habían venido para cuidar de mi padre y me cayeron mal desde el primer momento, por ser tan distintas de mi madre. Tía Caroline era la más desagradable. Al parecer, la única cosa capaz de distraerla era- senalar los defectos ajenos.Estuvimos viviendo en Oxford a la sombra del colegio en el que había estudiado mi padre hasta que las circunstancias derivadas de su propia conducta irreflexiva y apasionada le obligaron a abandonar los estudios. Acaso yo le imité; por lo menos estaba convencida de ello, pues nuestras aventuras eran paralelas