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Juan Manuel Bonet
Acerca de bazares, kindergartens, tiendas de munecos, casas de cartón: Ninos vanguardistas de Espana y
América
Estoy encantado de estar de nuevo en Budapest, una ciudad que me gusta muchísimo, y estoy encantado, sobre todo, de que me hayáis hecho el honor, queridos László Scholz, querido Josep María de Sagarra, de encargarme la conferencia inaugural de vuestro congreso, simbólicamente presidido por el maravilloso retrato del príncipe Baltasar Carlos, de Alonso Cano, una de las joyas del Museo de Bellas Artes de Budapest, extraordinaria pinacoteca con la que he colaborado en alguna ocasión. Un congreso de interesantísima temática infantil, en cuyo programa he visto que no falta una ponencia en torno a otra joya, en este caso de la narrativa espanola de posguerra, que es el libro de relatos -por suerte varias veces reeditado- Helena o el mar del verano (1952), de Julián Ayesta, alguien a quien conocí al final de su vida, cuando era nuestro embajador en Belgrado, alguien a quien recuerdo muy a menudo
El título de mi conferencia es, lo confieso, un poco singular: "Acerca de bazares, kindergartens, tiendas de munecos, casas de cartón: Ninos vanguardistas de Espana y América." Es un título realizado mediante el procedimiento, tan frecuente en el arte moderno, del "collage", un título en el que he combinado los de varios libros de esa época: Bazar y Kindergarten, ambos del ultraísta argentino Francisco Luis Bernárdez, y ambos publicados en Espana: La tienda de munecos, del venezolano Julio Garmendia; y La casa de cartón, del peruano Martín Adán.
De lo que se trata, es de un paseo. De un paseo por los territorios de la Infancia moderna. De un paseo a lo largo del cual vais a conocer a algunos de los ninos vanguardistas espanoles y latinoamericanos con los que he tropezado en mis propios paseos. Ninos creados por poetas, pintores o compositores, de nuestro ámbito.
Antes de todo, unas palabras sobre el tema vanguardias-infancia. Cuando dirigí el IVAM, es decir, el Instituto Valenciano de í'Vrte Moderno, le encargué a uno de mis colaboradores, Carlos Pérez, una exposición que se terminó llamando Infancia y arte moderno, y que se celebró en 1999. Una exposición de muy gran formato, de formato panorámico podríamos decir, en la que había producciones rusas, holandesas, checas, alemanas, francesas, italianas, espanolas, latinoamericanas, norteamericanas Una exposición centrada en cómo las vanguardias redisenaron, relnventaron, repensaron todo lo que tiene