Bővebb ismertető
INTRODUCCION
Fueron episodios muy baudelerianos, patéticos y significativos, con un toque de irónica vulgaridad en el horror. El poeta, herido de muerte por la hemiplejía, sin poder leer ni hablar, vegetando durante un ano entero en el sanatorio del doctor Duval, en Passy, con un ojo ciego y la lengua trabada, sólo podía tartajear unas palabras malditas: Cré nom! Una barba gris le desfigura el rostro, y su cráneo está bronceado por el sol.
Sin embargo, reconoce a los visitantes y les indica por senas que comprende lo que dicen; cuando pasea por él jardín, las flores y algunas plantas le arrancan gritos de admiración, y si la senora Manet se sienta al piano para tocar música de Wagner, expresa su júbilo con sordos grunidos que son también el banal juramento, todo lo que queda de la voz lírica más admirable de Francia.
Luego la sordera le aislará del mundo exterior; ya no oye lo que le dicen, sólo cruza melancólicas miradas con los que van a verle. Su madre, todo el día a su lado, se esfuerza por hacerle repetir las palabras que ella sila. bea, como volviendo a un aprendizaje de nino que tiene que descubrir el habla. «Hay un silencio de muerte entre los dos», escribe la generala Aupick.
Ha dejado su hermosa quinta de Honfleur, entre el mar y la carretera que conduce a Trouville, llena de recuerdos de la vida militar y diplomática del difunto general: la campana de Argelia, Lyon, altos puestos en París, las embajadas de Constantino pía y de Madrid Y se ha instalado en la capital para cuidar al hijo de vida desastrada en cuyo genio empieza a creer.
Para darle lo que él le pedía desesperadamente en una carta de anos atrás: «un poco de aliento y unas caricias». Madame Aupick no debía de haber olvidado aque-