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Era un hombre alto y duro. La nariz grande y curva, el mentón saliente, y los oscuros ojos de obsidiana le conferían el aspecto de un águila vieja, imperiosa y hostil. Sin embargo, cuando tuvo que afrontar la evidencia de su propia mortalidad, de pronto se sintió pequeno y ridículo.El médico, un cuarto de siglo más joven, de pie junto al escritorio, trazó un boceto sobre una hoja de papel con membrete y explicó el asunto con palabras ásperas.-Estas son las dos arterias del lado izquierdo de su corazón. Están casi obstruidas por placas, que de hecho son residuos de su propio torrente sanguíneo. Se depositan sobre las paredes de las arterias, como los sedimentos en una canería. El angiograma que realizamos ayer muestra que conserva usted alrededor del cinco por ciento del flujo sanguíneo normal sobre el lado izquierdo. Esa es la causa de los dolores en el pecho, el jadeo, la somnolencia y la fatiga que ha sentido últimamente. Después, sucederá lo siguiente -Dibujó un glóbulo oscuro con una flecha que indicaba la dirección de su movimiento.- Un pequeno coágulo de sangre se desplaza por la arteria, se aloja aquí, en la sección más estrecha. La arteria queda bloqueada. Usted sufre el clásico ataque cardíaco. Y muere.-?Y el riesgo de que suceda eso ?-No es un riesgo. Es un hecho inevitable. Puede suceder un día cualquiera. Una noche cualquiera. Incluso ahora, mien-