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CAPITULO I
EL DOCTOR GASPAR ARNERI TIENE UN DIA AGITADO
El tiempo de los magos pasó ya. Lo más probable es que, en realidad, no existieran nunca. Todo esto son invenciones y cuentos para los ninos más pequenos. Lo que ocurría era que alguhos prestidigitadores sabían enganar a toda clase de papanatas con tanto arte, que eran tomados por hechiceros y magos.
Hubo cierto doctor que se llamaba Gaspar Arneri. Las personas ingenuas, los mirones de las ferias y los estudiantes poco avispados lo podían también tomar por mago. Pues, en efecto, el doctor aquel hacía cosas tan sorprendentes, que parecían verdaderos prodigios. Aunque, claro está, él no tenía nada de común con esos magos y charlatanes que entontecen grandemente a la gente crédula.
El doctor Gaspar Arneri era un científico. Tal vez habría estudiado cerca de un centenar de ciencias. En todo caso, no había en todo el país hombre más sabio y erudito que Gaspar Arneri.
Su erudición la conocían todos: desde el molinero y el soldado hasta las damas y los ministros. Y los chicos de la escuela tarareaban una coplilla, dedicada a él, que tenía el siguiente estribillo:
?Cómo hasta las estrellas volar?
?Cómo a una lista zorra por el rabo atrapar?
?Cómo hacer que una piedra se llegue a evaporar?
Esto sólo lo sabe nuestro doctor Gaspar.
Una manana de verano, en junio, cuando hacía muy buen tiempo, el doctor Gaspar Arneri decidió ir a dar un largo paseo para recoger hierbas y escarabajos de varias especies.
Como el doctor Gaspar no era ya joven ni mucho menos, temía a las lluvias y a los vientos. Al salir de casa, se enrollaba al cuello una gruesa