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LUXORUna franja de verae en medio al ocre del desierto, los campos cultivados y, al fondo, las rojas rocas de la "cadena libia". En este paisaje se extiende Luxor, una de las más grandes capitales del mundo antiguo. Llena de encanto y sugestión, con modernísimos hoteles alineados a orillas del Nilo, mientras los faluchos se deslizan por sus tranquilas aguas y las estrechas y silenciosas calles del Bazar se animan al caer la tarde con colores, sonidos y luces.jj Esta es la antigua gran ciudad de Tebas, capital del imperio egipcio por casi un milenio, llamada por \Homero en el IX canto de la Ilíada, "Tebas de las cien puertas", y por ello "sólo los granos de arena del desierto superaban la cantidad de riquezas que allí se encerraban". Los coptos la llamaron Tapé, de ahí el griego Thebai, pero para los egipcios era Uaset, que quiere decir "la dominante" y Niut, "la Ciudad". En época tardía recibió también el nombre de Dióspolis Magna. El nombre actual de Luxor le deriva del árabe El Qousoúr, traducción del "castra" latino con que los romanos denominaban a la ciudad, en la que habían instalado dos campamentos.. En época menfita era una pequena aldea: en ella se adoraba al dios de la guerra Montu, cuyos templos fija-'ban los confines del territorio. A partir de la XDinastía, yUn falucho, una embarcación turística que remonta et Nito a! fondo, las agrestes montanas de! Valle de los Reyes.gracias a su posición geográfica y a motivos políticos, su importancia comienza a aumentar sensiblemente y con las victoriosas campanas militares de sus príncipes se convertirá en una potencia. Capital de los faraones del Nuevo Imperio, en ella se adoraba con gran fastuosidad al dios Amón, asociado en la tríada divina con Mut y Khonsu. Era la época de los grandes triunfos en Asia anterior, en Nubia y en Libia. Es un periodo feliz, tal vez el más afortunado de toda la historia egipcia, y Tebas no conoce rivales: los faraones victoriosos han acumulado allí increiljles riquezas provenientes de los botines bélicos. Del Mar Rojo, del Golfo Pérsico y aun del Sáhara -siguiendo la vía de los oasis - arriban a ella los mercantes para enriquecerse y enriquecer a los habitantes de Tebas, que llegó a contar hasta medio millón de almas.En la orilla oriental del río surgen !os templos-moradas de los dioses; en la occidental se levantan los edificios para el culto de los soberanos muertos: más allá de este desfile de templos, corre paralela al río la poderosa cortina de roca que esconde a la vista el Valle de los Reyes.Luego, inexorable también para Tebas, llega el ocaso. La posición geográfica que mil anos antes había favorecido el surgimiento de su potencia, se convierte ahora en el primer factor de su decadencia: demasiado alejada de'i/