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El oso
El oso fue su ruina, si bien en aquel entonces todos se rieron. No, mamá nunca lo hizo, pero Lyddie, Charles y las ninas se rieron hasta doleries el estómago. En el recuerdo de Lyddie aún eran las ninas y siempre lo serían. Agnes tenía cuatro anos y Ra-chel seis aquel mes de noviembre de 1843, el ano del oso.
La culpa, si es que alguien la tuvo, fue de Charles. Había estado metiendo madera del establo y dejó la puerta entreabierta; aunque es probable que la cerrara lo mejor que pudo, hacía tiempo que no encajaba bien. ?Quién sabe?
En cualquier caso, Lyddie levantó la vista de la olla con harina de avena que removía al fuego y allí, en el umbral, vio una enorme cabeza negra, con la nariz levantada olfateando y los ojillos brillantes que denunciaban la esperanza de saciar el hambre.
—!Que nadie grite! Retroceded despacio y con serenidad hasta la escalera y subid al pajar. Charles, lleva a Agnes y tú, mamá, a Rachel —dijo en voz baja. Oyó lloriquear a su madre.
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