Bővebb ismertető
Si senor don Diego Hipólito Féliz de Cantalicio Afán (ie Ribera Alfoz, etcétera, etcétera, conde de Rumblar y de Pena Horadada, hacía en Madrid la siguiente vida:
Levantábase tarde, y después de dar cuerda a sus re^ tejes se ponía a disposición del peluquero, quien en poco más de hora y media le arreglaba la cabeza por fuera, G[ue por dentro sólo Dios pudiera hacerlo. Luego daba al reloj de su cuerpo la cuerda del necesario alimento, como decía Cornelia, la cual cuerda pasaba aún más allá de la media docena de bollos de Jesús, reblandecidos en dos onzas de chocolate. Incontinenti seguía la operación de vestirse y calzarse, no consumada a dos tirones, sino con toda aquella pausa, aplomo, espaciosidad y mesura que la índole de los tiempos exigía. Una vez en la calle, dirigía sus pasos a cierta casa de la cuesta de la Vega, donde es fama que habitaba la discreta mayorazga con cuyo linaje la casa de Rumblar concertara genealógico y utilitario ayuntamiento. Esta visita no era de larga duración, y poco rato salía don Diego para encaminarse ligero como un corzo a la calle de la Magdalena, donde vivía un senor ds Manara, de quien era devotísimo y fiel amigo. Los