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LA COMPOSTELA ROMANA
La actual ciudad de Santiago de Compostela ocupa la posición de un antiguo castro, cenido por los rios Sar y Sarela. Hunde sus raíces en el prolongado esfuerzo y trabajo de los hombres que desde la época prehistórica fueron preparando el lugar que recibirá el espaldarazo del milagro jacobeo.
No faltan los testimonios de la existencia de una población primitiva: las sepulturas con urna cineraria, descubiertas en el siglo pasado cerca de la iglesia de Salomé; el nombre de Porta daMamoa, los orígenes célticos del antiguo nombre de la ciudad (Liberum donum, castro o tőrre del camino para el Padre Fita, lugar habitado para Amor Ruibal). El viejo castro prerromano, el Callobre del arqueólogo Bouza Brey, se vivifica bajo el impulso de las dos vías romanas: la de Brácara a Astúrica y la de Brigantium a Iria. A la fuerza unificadora de la romanización se une el espíritu renovador del Cristianismo. Todo el prestigio futuro de la ciudad se cimenta sobre la tradíción, sobre las viejas leyendas que centran en esta época la predicación del Apóstol Santiago y la traslación de su cuerpo martirizado en Palestina.
Los testimonios romanos del solar compostelano son bastante significativos. Debemos destacar las lápidas funerarias de la Quin-tana, cementerio hasta el siglo xix, enlace, para Guerra Campos, con el edículo sepulcral del Apóstol y con las necrópolis de la cate-dral. La lápida del altar mayor del convento de San Pelayo —Ara de San Payo—, conocida, al menos desde el siglo xv, con una ins-cripción dedicada a los Dioses Manes, y, sobre todo, el edículo sepulcral, resto de un mausoleo romano del siglo i o II, que sufrió diversas modificaciones, y en el que se encuentra expuesta la urna de plata, con los restos de Santiago y de dos de sus discípulos.
Las excavaciones del subsuelo de la Catedral, además de con-firmar la factura romana, con el hallazgo del ara dedicada a Jú-piter; los restos de un hipocausto, las sigilatas, la extensa necrópolis de la época sueva (s. vi), con sus grandes sarcófagos con re-presentación estilizante del orante o estoa, demuestran, al decir de Chamoso Lamas, la continuación de la población compostela-na a través de la épocas bajo romana y germánica.
«La catedral domina con sus torres a Santiago »