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Desde el servicio de urgencias del gran hospital parecía que la ciudad se encontraba Dajo un extrano combate en la noche, las camillas rodaban en el vestíbulo empujadas por. enfermeros con la colilla en la boca y las ambulancias seguían desembarcando más bultos desangrados en la rampa de acceso. Sin contar hemorragias, apendicitis, infartos, cólicos misereres y abortos de costumbre, el parte de guerra hasta el momento era el siguiente : un herido de navaja en una reyerta de chulos, un nino que se había tragado un tenedor, un drogadicto rescatado en estado de coma en el retrete de una cafetería, varios albaniles quebrantados por caída del anda-